En
marzo de 1991, luego de la hiperinflación sufrida en el gobierno del presidente
Carlos Menem, y de las salidas de sus ministros de Economía Néstor Rapanelli primero
y Antonio Erman González después, asumía en esa cartera Domingo Cavallo, hasta
entonces Canciller. En 1996, y luego de tomar un protagonismo central, merced a
la estabilización de la economía a partir de 1991/92, fue despedido del cargo
por el primer mandatario. Menem había logrado primero que se aprobara una ley
que habilitara el llamado a una elección de convencionales constituyentes, y
después que se reformara la Constitución Nacional permitiendo la reelección
presidencial consecutiva. Casi todo gracias al éxito económico del plan de
Cavallo.
En
marzo de 2001, diez años después de aquel inicio, el economista fue convocado
por Fernando De la Rúa, sucesor de Menem en el sillón de Rivadavia. Horas antes
de su vuelta al Palacio de Hacienda, se había especulado con que Cavallo
asumiría como Jefe de Gabinete de Ministros. Cavallo descartó esto y volvió a
la función que había desempañado en 1991-96. Su objetivo era torcer el rumbo
errático de la gestión delarruista, que en dos semanas vio partir a otro titular
de Economía: Ricardo López Murphy anunció un fuerte ajuste, y luego de bajar de
un avión, resultó relevado del cargo tras perder todo apoyo. Pero Cavallo sólo
pudo mantenerse nueves meses en el puesto: renunció un día antes que el
presidente De la Rúa, en lo que fue el derrumbe del país más que del gobierno de
la Alianza.
En
ese naufragio total, Cavallo también vio evaporarse su plan: ser candidato a
presidente y llegar a la primera magistratura, algo que en 1999 no había
logrado, al ser superado por De la Rúa y por Eduardo Duhalde -que quedó segundo
en la elección, pero gracias al derrumbe y a la interna del peronismo, completó
el mandato trunco de la Alianza en 2002/2003-.
De
2013 a 2023 también median diez años. En 2013, el por entonces intendente de
Tigre, Sergio Tomás Massa, desafió de manera sorpresiva al poder nacional de la
presidenta Cristina Fernández: armó el Frente Renovador en la provincia de
Buenos Aires, sumó a varios intendentes del norte del conurbano y a algunos del
resto del provincia, tuvo una alianza electoral con el Jefe de Gobierno de la
CABA, Mauricio Macri, y derrotó en las PASO y en las elecciones a la lista del oficialista
Frente para la Victoria, liderada por Martín Insaurralde. Con esto quedaron
sepultadas las ilusiones del oficialismo de… reformar la Constitución Nacional
para… habilitar otra reelección presidencial consecutiva [¿o sendas
reelecciones indefinidas?].
La
elección presidencial para suceder a Alberto Fernández será la que se lleve
todos los reflectores el año próximo, más allá de las [¿casi todas
desbobladas?] provinciales. Cavallo no pudo torcer el rumbo en 2001, mucho
menos después de la derrota electoral del oficialismo en octubre, cuando
básicamente ganó Clemente, creación del dibujante Caloi. La recesión imperante;
la resistencia a dejar la convertibilidad en el Gobierno, sumando al euro a una
canasta de monedas; el límite impuesto para retirar sólo hasta 250 pesos por
semana en efectivo -impuesto el primer día de diciembre, con lo que Cavallo
aseveró que se evitaba una devaluación-; y la negativa -el 5 de diciembre- del Fondo
Monetario Internacional a girar [la pequeñez de] 1.260 millones de dólares fueron
letales para el ministro y la «gestión» de De la Rúa.
Massa
tiene poco -o muy poco- tiempo para que las supuestas expectativas que se habrían
generado con su designación se traduzcan en, al menos, esbozos de resultados
concretos, los que estarán, desde ya,
determinados por las decisiones, medidas y planes que tiene en mente junto a su
equipo… y lo que la política oficialista le permita implementar. Si llega
ocupando la función, a principios de 2023 el nuevo ministro de Economía, Producción
y Agricultura tendrá un panorama más claro respecto a si tendrá, al menos,
chances de cerrar con éxito el ciclo que idealizó cuando se sumó a la política
partidaria a fines de los ochenta en la Unión del Centro Democrático, la
UCeDé liderada por el asesor de Carlos
Menem, el capitán ingeniero Álvaro Alsogaray.
Fue
designado ministro después de descartar asumir en la Jefatura de Gabinete, y de
que su antecesora, Silvina Batakis, también bajara de un avión (ella permaneció
en la función la mitad de tiempo que aquel López Murphy). Cavallo tuvo sólo 9
meses de gestión, hasta que fue barrido por la protesta social. Nueve meses son
los que restan hasta mayo de 2023, cuando las alianzas electorales deberán
estar casi cerradas, junto con las conversaciones y acuerdos sobre las
principales precandidaturas. Ese es el tiempo en el que se desempeñaría Massa.
Aquel
ideal lo vio más posible en 2013, cuando obtuvo dos veces el favor del
electorado en la provincia de Buenos Aires (3,9 millones de votos en la
elección; el 44%). Lo vio truncarse en 2015, cuando quedó tercero en la
elección presidencial (5,3 millones de sufragios en todo el país; 21%) y afuera
del inédito ballotage. Más comprometido lo vio aún en 2017, cuando quedó
tercero en la elección –y afuera de la cámara alta- de senadores en la
provincia, en dupla [¿sorprendente, trátándose de él?] con Margaria Stolbizer
(apenas más de 1 millón de votos; el 11%). Pero 2019 alumbró una impensada
alianza entre Cristina Fernández y su ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández,
feroz crítico de ella hasta sólo meses antes. Una vez candidateado por la ex
mandataria, Fernández (Alberto) invitó a Massa, a través de la televisión, a
tomar un café y explorar un acuerdo. Conocidos son los resultados de aquella
apuesta electoral primero, política después, institucional hasta la actualidad.
Su ideal, claro está -su ambición y su pragmatismo, válidos, también han sido y son claros- es llegar a la Presidencia de la Nación. Cavallo, con todo el poder delegado, no supo y no pudo mantener a flote el barco. Massa tiene ahora algunos de los principales timones. Dependerá de su pericia, de la de sus primeros oficiales [¿habrá otros oficiales y suboficiales alentados por el almirantazgo dispuestos a criticar o impedir algunas correcciones de rumbo?], de las condiciones de los vientos y del agua, más del estado general de la nave, llegar a un buen puerto que le otorgue a él, al Gobierno y por supuesto, a la ciudadanía, alguna esperanza.
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