La
administración de Alberto Fernández y la ponderación que de ella hace la
ciudadanía distan de ser promisorias y positivas, de acuerdo a sondeos
que publican medios con muy distintos posicionamientos. Acaso como un [¿último?]
acto reflejo, maquiavélico o desesperado, el titular del Ejecutivo nacional
designó a Sergio Massa al frente del unificado ministerio de Economía,
Producción y Agricultura. Los dos fueron jefes de Gabinete primero y fortísimos
críticos después de la actual líder del oficialismo: Cristina Fernández.
De tener éxito en sus políticas, Massa reclamaría,
con lógica, la candidatura presidencial de lo que hoy es el Frente de Todos.
¿Se la otorgarían los Kirchner y los gobernadores, o debería ser primero
precandidato y ganar una primeria interna? Si es [pre, o] candidato, ¿qué
musculatura interna exhibiría el Frente Renovador en las listas internas? Sería
fundamental conocer si las candidaturas serían por listas de consenso o también
habría competencia entre los aspirantes a diputados, senadores y otros cargos.
¿Los gobernadores tendrán incentivos para ligar la
elección provincial a la nacional? ¿Axel Kicillof desdoblaría en Buenos Aires
-algo que no le habría sido permitido a María Eugenia Vidal en 2019-? Si Massa
es visto como exitoso por una parte del electorado, sería un socio tentador de
los candidatos provinciales. Se conocerá quiénes finalmente se desligan de la
fecha de comicio nacional en aquellos distritos en las que las leyes locales no
impiden unificar elecciones.
¿De quién sería ese eventual éxito de la gestión de
Massa? ¿Suyo «en exclusiva»; suyo y de su equipo más cercano; de la
vicepresidente que de un modo u otro apuestó por él; del presidente; de los dos
Fernández; o de todo el Frente de Todos? ¿Quién sería el depositario de ese
supuesto éxito? Lo mismo cabe preguntarse al revés: ¿de quién sería el fracaso?
¿Quién lo sufriría más, además de la economía y de la sociedad en general?
Algunas encuestas (conviene siempre, al leerlas,
preguntarse quién encargó y financió cada estudio) arrojan valores bastante
adversos en materia de imagen para el ex intendente de Tigre (esto se extiende
a la mayoría de los principales funcionarios del oficialismo, y a varios de la
oposición). Así, Massa sabe que esta nueva apuesta (que a juzgar por su
carrera, no será la última, pase lo que pase) debe ser a todo o nada. No viene
a hacer mero control de daños.
Para cambiar esa imagen, Massa deberá también hacer
algo que Guzmán no hizo nunca en 31 meses: hablarle directo a la ciudadanía,
que es la que en definitiva más sufre los avatares de la economía nacional.
El inicio de su gestión coincide con el período de difusión
pública del juicio a la vicepresidenta: si bien se mostró muy distendida el
primer día del alegato del fiscal Diego Luciani, es de esperar que su foco esté
puesto en la causa judicial y no en la gestión económica. Massa tendría así
algo más de aire para elaborar y desarrollar las primeras medidas, que se
imponen urgentes. ¿Por cuánto tiempo CFK tendría fuera de la mira principal la
situación económica actual? El juicio, se sabe, se extenderá por meses.
Ese destino inexorable de a) éxito, o b) fracaso
(básicamente no hay lugar para tímidos grises) respondería esta pregunta: ¿las
apuestas de Cristina Fernández de candidatear a su anterior feroz crítico
Alberto Fernández, y de enaltecer a su tambien anterior feroz crítico Sergio
Massa, finalmente habrán tenido el resultado buscado?
Todo puede resumirse de este modo: ¿Sergio Massa
será, en definitiva, la bala plata, de goma o de plástico de la administración?
Y lo que es quizás tan importante: ¿lo sería para Alberto, para Cristina, para
[el Frente de] Todos o… sólo para él mismo?
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