Si es cierto que la economía y sus principales actores se mueven por «expectativas», Sergio Massa, que está a minutos de asumir como ministro empoderado, puede presumir que en estos seis días transcurridos desde su designación, el golpe de efecto buscado dio algunos atisbos positivos -más potentes al principio, en especial el viernes, más tenues lunes y martes- en lo que a [de nuevo] expectativas concierne.
¿Por cuánto tiempo el establishment y el círculo
roja sostendrán el incipiente y muy tímido apoyo que le brindaron a Massa el viernes 29
de julio, un día después que se
conociera que cambiaría de función? Cabrá ver si Massa tiene su luna de
miel como ministro, algo de lo que Silvina Batakis no tuvo ni el menor indicio
[¿algo que le habrían retaceado propios y ajenos desde el mismísimo instante de
su designación?].
Si de apoyos se trata, ¿por cuánto tiempo se
mantendría el de la vicepresidente? Esto está atado también a cuánto podría
durar el armisticio entre los dos Fernández, que se estableció el 3 de julio,
cuando Batakis fue confirmada (es un decir) como ministra. Corea del Sur y
Corea del Norte mantienen un armisticio desde 1953. Nadie pediría emular su
extensión… y tampoco nadie lo imaginaría, tiempos biológicos al margen.
Sería un gran índice que Cristina estuviese en su
jura como ministro. Si no es así, ¿sería posible una foto juntos el jueves 4 o
el viernes 5 de agosto? De ser así, sería alentador que no medie una marcada distancia
entre ambos, como en la instantánea del lunes inicial de agosto. ¿Al menos
aparecería un tuit que otorgue algo parecido a una nueva certeza de apoyo -algo
de lo que tampoco disfrutó Batakis-?
Massa asume hoy su cargo. ¿De cuánto tiempo dispone
para mostrar algunos éxitos concretos, que se sientan en las arcas estatales y
en los bolsillos de los ciudadanos? Las primarias presidenciales deben
celebrarse en 12 meses. Ello indica que en 10 meses deben cerrarse las listas
de precandidatos. Y antes aún deben estar cerradas las alianzas: ¿su Frente
Renovador estaría incluido en el oficialismo dentro de 8 o 9 meses, si la
realidad económica le juega de manera adversa a su jefe? ¿Se puede considerar,
en serio, que «el año termina el 21 de noviembre, cuando inicie el Mundial de
fútbol, y de ahí a marzo hay un solo paso, con la Navidad y el verano a la
vuelta de la esquina»? Suena temerario, por no decir demencial.
Aquel mismo establishment (o al menos una parte de él), ¿continuaría apoyándolo para
restarle sustento a Juntos por el Cambio, o pondría monedas en las dos
canastas? ¿Podrá el nuevo gerente económico del oficialismo cristalizar lo que
muy a priori se advirtió como un apoyo de la Sociedad Rural, según el discurso
de su presidente, el 30 de julio? No hace falta resaltar el lugar central que
tiene, le guste o no le guste a distintos dirigentes, que tiene el campo en la
economía y en las finanzas nacionales. ¿Massa impulsará la modificación de
impuestos y/o retenciones? El sector clave espera expectante. El Banco Central
y sus alicaídas reservas, también.
¿Qué relación tendrá con la oposición?
Indudablemente hábil, casi un zorro de la política vernácula, Massa tiene un
gran relación con el presidente de comité nacional de la Unión Cívica Radical,
el gobernador jujeño Gerardo Morales que en parte llegó a la gobernación con
votos que fueron también para Massa en 2015, cuando compartieron lista (algo
que ya no ocurrió en 2019). El vínculo entre los dos sigue siendo fluido. El
nuevo ministro también tiene una aceitada relación, que escala a lo personal,
con uno de los dos principales aspirantes a la presidencia de Propuesta Republicana
(sí, el Pro): el alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta. ¿Hasta dónde se
extenderán ahora estas (muy) buenas relaciones?
Los supuestos
«vínculos» de Massa con el poder de Estados Unidos y de las empresas
nacionales y extranjeras, ¿acudirán en su apoyo efectivamente? De ser así,
¿cuáles serían las prendas de cambio? ¿El ministro se encontraría con
limitaciones internas para establecer acuerdos? En la esfera internacional, es
conocida su postura crítica por ejemplo con la Venezuela de Nicolás Maduro y
con la invasión a Ucrania de la Rusia de Vladimir Putin. Su mirada en política
externa aparece bastante clara.
¿Decidirá, en acuerdo con los Fernández, una
(dolorosa, pero acaso inevitable) devaluación? Quizás sólo sea una cuestión,
también, de tiempo. Acaso alumbre primero un desdoblamiento cambiario, con la
ilusión de que fortalezca en algo aquellas reservas escuálidas. ¿Tomaría
alguna/s alternativa/s intermida/s?
Los apoyos en política tienen la solidez del viento.
Dependerá en gran parte del mismo Massa poder conservarlos, magnificarlos o verlos
alejarse. ¿Cuántos de estos apoyos incipientes, especialmente los políticos,
son reales?
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